Accidente del Burrito Ortega a un mes del Mundial 1994

📅 09/05/2026👤 a0110132

Faltaba poco más de un mes para el Mundial de Estados Unidos 1994 y la Selección Argentina se llevó uno de los sustos más grandes de su historia. Ariel Arnaldo Ortega, el Burrito, el joven talento que ya ilusionaba a todo un país, protagonizó un accidente automovilístico que paralizó a Alfio Basile y a todo el plantel. Por suerte, todo quedó en un gran susto, pero la anécdota quedó grabada a fuego en la memoria de los hinchas.

La noticia cayó como un baldazo de agua fría en el predio de Ezeiza. Argentina venía de ser campeona del mundo en Italia 1990 y de ganar la Copa América 1991 y 1993. El equipo de Basile era una máquina, con Diego Maradona como estandarte y un plantel de lujo. Pero en ese camino de preparación, apareció el imprevisto. El Burrito Ortega, que venía de ser figura en River Plate y de ganar el Torneo Apertura 1993, manejaba su automóvil cuando perdió el control y chocó. El pánico se apoderó de todos: ¿se había lesionado? ¿podría llegar al Mundial? ¿se truncaba la carrera de una de las promesas más brillantes del fútbol argentino?

Para entender la magnitud del susto, hay que meterse en la cabeza del hincha argentino de esa época. El Burrito no era un jugador más: era el heredero natural de Maradona, el enganche que desequilibraba con su gambeta corta, su velocidad y su picardía. Con apenas 20 años, ya había debutado en la Selección mayor en 1993 y había sido parte del plantel campeón de la Copa América en Ecuador. Su zurda era un imán para la pelota y su carácter, a veces rebelde, lo hacía aún más querido. Por eso, cuando se supo del accidente, el silencio se hizo cargo. Basile, el Coco, ordenó que se investigara de inmediato. Los médicos de la AFA volaron al lugar. Por suerte, el parte médico fue alentador: solo golpes y algunos raspones, nada que comprometiera su participación en el Mundial.

Pero el episodio dejó una enseñanza. Argentina dependía mucho de Maradona, pero también necesitaba de ese juvenil desfachatado que había deslumbrado en Núñez. Ortega, que en ese momento no tenía la madurez de los grandes, entendió que el fútbol podía esperar, pero que la vida no. El accidente, aunque leve, fue un llamado de atención. En los meses siguientes, el Burrito se cuidó más, se enfocó en el Mundial y, una vez en Estados Unidos, cumplió. No fue titular en todos los partidos, pero cuando entró, mostró destellos de su magia. En el debut contra Grecia, con Maradona inspirado, Ortega entró en el segundo tiempo y dejó dos o tres jugadas que hicieron vibrar a los argentinos en el Foxboro Stadium. En el segundo partido, ante Nigeria, también sumó minutos y hasta dio una asistencia. Argentina ganó los tres partidos de grupos y parecía imparable.

Sin embargo, la historia del Mundial 1994 es conocida por todos: la eliminación de Maradona por doping positivo contra Nigeria, el golpe anímico y la caída en octavos ante Rumania. Pero el Burrito Ortega fue de los pocos que se salvó de la debacle. Jugó un gran partido contra los rumanos, metió un golazo de zurda y mostró que, a pesar de su juventud, tenía espalda para los momentos difíciles. Ese Mundial, a pesar del final triste, lo consolidó como una figura mundial. Y si uno mira para atrás, se da cuenta de que ese accidente, ese susto, pudo haber cambiado todo. ¿Qué hubiera pasado si Ortega se lesionaba de verdad? ¿Cómo habría sido la historia de la Selección sin su gambeta en ese torneo?

Lo cierto es que el Burrito siguió adelante. Jugó los Mundiales de Francia 1998 y Corea-Japón 2002, siempre siendo un jugador distinto. En Francia 98, fue el mejor argentino del torneo, con actuaciones memorables contra Jamaica, Croacia y Países Bajos. En el 2002, a pesar del fracaso del equipo, él fue de los pocos que salvó la ropa. Su carrera en River también fue brillante: 225 partidos, 56 goles y títulos como el Apertura 93, el Apertura 94 y la Copa Libertadores 96. Después, un paso por el Valencia de España y el regreso a River, donde se retiró en 2003. Pero el recuerdo de ese accidente, ese susto a un mes del Mundial, quedó como una de esas anécdotas que los hinchas argentinos cuentan en las previas de los Mundiales.

Hoy, con la Scaloneta como campeona del mundo, uno mira hacia atrás y valora aún más a esos equipos que, a pesar de los golpes, siempre encontraron la manera de competir. El Burrito Ortega fue parte de esa estirpe. Su accidente, aunque menor, refleja la fragilidad de los sueños deportivos. Un choque, un mal momento, y todo puede cambiar. Pero también demuestra que, con cabeza y corazón, se puede salir adelante. Como bien dice el dicho: “el que avisa no traiciona”, y el Burrito avisó que estaba para grandes cosas. Por suerte, el susto solo quedó en eso: un susto.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMi0AFBVV95cUxPSmY2OGJsUEVWSTZ2S2tLbVdlNVlIV3NURmNNOWJ5b0JQcTZtdy1oZVNZYzFQNGptcktqUGdhMlZEdXI2dlRjOFdrMERvWVlkZ3RYX0xreXd2dmpHZTIzY0xvbHo0Tk1Ob25mMWVDM0lYblFUakFLcUlsem1FUFR0bWhWaXVlbm5nc0Q0Y2lxSDZvVi0wZzB2enhpNVNtak1xZkJsZ0c2elpROHpGTDhQU3hTdnlyVldVUmJoRlp3d21ybU9PSmEzNFl1NU93T1Vl?oc=5