La celeste y blanca del futuro ya hace ruido. En un partido que quedará grabado en la historia del fútbol femenino argentino, la Selección Argentina Sub 17 cayó ante Brasil pero festejó igual: logró la clasificación al Mundial de la categoría. Un logro monumental que demuestra que el semillero albiceleste no para de crecer.
El Sudamericano femenino Sub 17 que se disputó en territorio paraguayo tuvo un desenlace agridulce para las pibas de la Scaloneta juvenil. En el partido decisivo, el equipo dirigido por el cuerpo técnico nacional se midió ante la poderosa Brasil, una de las potencias mundiales en todas las categorías femeninas. Si bien el resultado final fue una derrota, lo importante ya estaba asegurado: el pasaporte a la Copa del Mundo de la categoría, que se disputará el año próximo.
El camino no fue sencillo. Argentina llegó a esta instancia después de una fase de grupos impecable, donde mostró un juego sólido, intenso y con una clara identidad ofensiva. Las chicas demostraron que el legado de la Mayor, con su estilo de juego asociado y la garra característica, ya se replica en las divisiones formativas. Este logro no es casualidad: es el resultado de un trabajo sostenido en las inferiores, con inversión en infraestructura y formación de entrenadores.
Para entender la dimensión de este hito, hay que mirar la historia. Argentina no clasificaba a un Mundial femenino Sub 17 desde 2018. En esa oportunidad, el equipo había dado el batacazo al meterse entre las mejores del continente. Sin embargo, el desarrollo del fútbol femenino en Sudamérica creció exponencialmente en los últimos años, con Brasil, Colombia y Paraguay como potencias establecidas. Que Argentina vuelva a estar en la elite mundial juvenil es una señal de que el proceso de crecimiento es real y sostenido.
Desde la consagración de la Selección Mayor en el Mundial de Qatar 2022 y el bicampeonato de América (2021 y 2024), el fútbol argentino vive una especie de primavera. Pero ese éxito no se limitó al equipo de Lionel Messi. Las divisiones juveniles, tanto masculinas como femeninas, empezaron a cosechar frutos de un trabajo silencioso. Este equipo Sub 17 femenino es la prueba más clara: tiene jugadoras que ya militan en clubes de primera división, que entrenan con profesionalismo y que saben lo que significa defender la camiseta celeste y blanca.
El partido contra Brasil fue un reflejo de esa garra. Las brasileñas, con un juego físico y rápido, intentaron quebrar a Argentina desde el primer minuto. Pero las pibas respondieron. Hubo momentos de fricción, de juego brusco, de pierna fuerte. Pero también hubo fútbol. Argentina generó situaciones de gol, tuvo la pelota en varios pasajes y demostró que puede competir de igual a igual contra cualquier rival del continente. El marcador final no reflejó el esfuerzo, pero el objetivo estaba cumplido.
¿Qué viene ahora? El Mundial Sub 17 será una vidriera inmejorable para estas jugadoras. Allí se enfrentarán a selecciones de otros continentes, con estilos de juego muy distintos. Será una prueba de fuego para medir el nivel real del fútbol femenino juvenil argentino. Pero más allá del resultado, lo importante es que estas chicas ya son parte de la historia. Son las herederas de una tradición que empezó con pioneras y que hoy, gracias al apoyo de la AFA y al trabajo de los clubes, tiene un futuro prometedor.
En lo personal, este logro me llena de orgullo. Ver a estas pibas llorar de alegría después de la clasificación, a pesar de la derrota, es un recordatorio de lo que significa el fútbol argentino: pasión, sacrificio y un amor infinito por la camiseta. No importa la categoría, no importa el género: cuando Argentina juega, el corazón se acelera. Y estas chicas nos demostraron que la Scaloneta no es solo un equipo, es una idea, una forma de entender el fútbol que trasciende generaciones.
Fuente: Diario de Cuyo