Faltan 38 días para el Mundial y, mientras la ilusión crece en las calles de Argentina, un análisis fino del rendimiento de los futbolistas de la Scaloneta enciende algunas alarmas que no se pueden ignorar.
El reloj no para. A 38 días del pitido inicial en Qatar 2022, el cuerpo técnico que encabeza el conductor del ciclo tiene un termómetro constante: el estado de forma de sus jugadores. Y si bien la fe en el grupo es total, los números y las actuaciones en los clubes dibujan un panorama mixto que merece ser mirado con lupa. No es para dramatizar, pero sí para entender dónde estamos parados como selección camino a la defensa del título que tanto costó conseguir.
Empecemos por el que siempre está en el centro de la escena: la máxima figura del equipo, ese rosarino que es el faro de todos. Su rendimiento en el PSG ha sido de menor a mayor, con destellos de su magia habitual pero también con algunas lesiones que encendieron las alertas. Sin embargo, el dato que más preocupa no es su nivel, sino la falta de continuidad de algunos de sus compañeros de ataque. El delantero que hoy es el socio ideal en el área, aquel que marcó goles decisivos en la Copa América, arrastra una sequía goleadora en su club que ya lleva más de un mes. En los últimos 5 partidos, apenas convirtió un gol, y su promedio de remates al arco cayó un 30% comparado con el semestre pasado. Para un equipo que vive de la eficacia ofensiva, esto es una señal de alerta.
En el mediocampo, la historia es más alentadora. El motor del equipo, ese volante que corre por dos y que es el pulmón de la Scaloneta, viene de una racha impecable: fue titular en los últimos 7 partidos de su club y completó el 90% de los minutos. Su capacidad de recuperación y su entrega son un pilar que no se negocia. Pero no todo es color de rosa: el creador de juego, ese que debe darle pausa y claridad al equipo, tuvo una recaída muscular que lo marginó dos semanas. Volvió a entrenar, pero la duda sobre su puesta a punto física persiste. En un Mundial, los detalles marcan la diferencia, y el cuerpo técnico sabe que no puede arriesgar a un jugador clave sin la certeza de que está al 100%.
En defensa, la situación es un poco más estable. El arquero titular, ese que fue figura en la final de la Copa América, mantiene un nivel altísimo: en sus últimos 10 partidos, atajó dos penales y tiene un promedio de 3.5 atajadas por partido. Sin embargo, el central que es la referencia en la zaga, ese que corta todo con autoridad, viene arrastrando una molestia en el isquiotibial que lo obligó a ser reemplazado en dos encuentros. Los médicos hablan de una precaución, pero en la Selección no quieren sorpresas. Por eso, el cuerpo técnico ya evalúa variantes, con juveniles que vienen pisando fuerte en la Liga Profesional y que podrían ganarse un lugar en la lista final.
Si miramos el historial reciente de la Selección Argentina en eliminatorias, el promedio de goles a favor fue de 1.8 por partido, mientras que en los últimos amistosos bajó a 1.2. La diferencia es sutil, pero significativa cuando se enfrentan rivales de jerarquía mundial. Además, en los últimos 5 Mundiales, la Selección Argentina llegó con un equipo que promediaba 3 goles en los últimos 4 partidos previos; hoy, ese promedio es de 1.5. No es un dato menor. El contexto de la previa siempre es complejo, pero la historia muestra que los equipos que llegan con un pico de forma alto suelen tener mejores resultados. Por eso, el conductor del ciclo ya planea una serie de ejercicios específicos en la concentración para elevar el ritmo futbolístico de los jugadores que llegan con menor rodaje.
Más allá de los números, hay un factor que no se mide en estadísticas: la mística. Este grupo demostró que cuando se junta la camiseta celeste y blanca, el corazón late más fuerte. La confianza en el vestuario es inquebrantable, y eso es un arma que ningún rival puede comprar. Pero el fútbol no perdona la falta de precisión. A 38 días del debut, el cuerpo técnico tiene la tarea de ajustar las piezas, recuperar a los lesionados y asegurarse de que cada jugador llegue en su mejor momento. No es un drama, es una realidad que se enfrenta con trabajo y con la certeza de que, cuando el Mundial arranque, la Scaloneta estará lista para dar pelea.
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