El duelo que no llega: qué pasa cuando nos cuesta aceptar una derrota de la Scaloneta

📅 22/07/2026👤 a0110132

Te pasó, me pasó, nos pasó a todos. Después de una caída inesperada de la Selección Argentina, en el grupo de WhatsApp o en la mesa del bar empiezan a aflorar las explicaciones más insólitas. Desde que «estaba todo arreglado» hasta que «se dejaron perder para que no se agrande el rival». Es un mecanismo tan argentino como el mate: la teoría conspirativa que intenta tapar el dolor de una derrota que, simplemente, a veces toca.

El fenómeno de no poder digerir la caída

La Scaloneta nos malacostumbró. Y está bien que así sea. Venimos de ganar la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. Un ciclo dorado que nos puso en la cima del mundo y que, de paso, nos hizo olvidar lo que era morder el polvo de vez en cuando. Bajo la dirección técnica de Lionel Scaloni, la Albiceleste construyó una fortaleza mental tan sólida que cada traspié se vive como un cimbronazo. Pero el fútbol, muchachos, no es una ciencia exacta. En las Eliminatorias CONMEBOL rumbo al Mundial 2026, donde cada partido es una batalla, perder entra dentro de las posibilidades. El tema es cómo lo procesamos como hinchas.

El análisis que dispara esta nota, surgido a partir de una publicación de La Voz del Interior, pone el dedo en la llaga: las teorías conspirativas no son solo un meme, son una herramienta psicológica para retrasar el duelo deportivo. Cuando no podemos aceptar que enfrente hubo un rival que hizo mejor las cosas, que el desgaste acumulado de figuras como Lionel Messi, Emiliano Martínez o Cristian Romero pasó factura, o que simplemente la pelota no quiso entrar, apelamos a la narrativa del complot. Es más fácil pensar que hay una mano negra detrás que admitir que Julián Álvarez erró un gol increíble o que Enzo Fernández perdió una marca clave. Y ojo, no hablo de autocrítica destructiva, sino de entender que en el deporte de alto rendimiento, la derrota es una variable más de la ecuación.

De la ilusión al enojo: un viaje emocional en 90 minutos

Lo vivimos en las Eliminatorias pasadas y en cada torneo donde Argentina no arranca con el pie derecho. Si el equipo de Scaloni no encuentra los espacios, si Alexis Mac Allister no puede conectar los circuitos del mediocampo o si el Dibu no tiene esa cuota de milagro que lo caracteriza, el hincha entra en pánico. Pero en lugar de canalizarlo como una frustración pasajera, se construye una realidad paralela. «Nos están perjudicando», «la CONMEBOL no quiere que clasifiquemos tranquilos», «es un mensaje para el próximo sorteo». Frases que uno escucha y que, en el fondo, esconden una verdad más simple: perder duele, y mucho más cuando venimos de una racha gloriosa que nos acostumbró a ganar siempre.

Hay que ser claros: el plantel que conduce Scaloni desde 2018 es el más ganador de la historia de la Selección. Pero ni siquiera este grupo de guerreros, que ya es leyenda viva, está exento de una mala noche. La grandeza de esta camada no se mide solo por los títulos, sino por cómo se levantaron de cada golpe. Recordemos el arranque de las Eliminatorias para Qatar 2022 o aquella derrota ante Arabia Saudita en el debut mundialista. Si en esos momentos nos hubiéramos quedado en la queja estéril y en la búsqueda de culpables externos, probablemente no hubiéramos visto a Messi levantar la Copa del Mundo en Lusail. El duelo, cuando se transita de manera genuina, te permite aprender, corregir y volver más fuerte.

Aceptar la derrota para valorar la victoria

La próxima vez que la Selección Argentina pierda un partido —porque va a pasar, es parte del juego—, probemos hacer el ejercicio de no buscar fantasmas donde no los hay. Miremos el rendimiento, analicemos los cambios que propuso el rival, entendamos que el fútbol sudamericano es cada vez más competitivo y que ninguna eliminatoria se pasea. Las teorías conspirativas son un atajo para no hacerse cargo del dolor, pero también un obstáculo para disfrutar de verdad cuando la Scaloneta nos vuelva a regalar una alegría. Porque si todo triunfo es un alivio frente a un supuesto sistema en contra, se pierde la esencia del deporte: la competencia leal, el esfuerzo y la pasión.

Como hinchas, tenemos el derecho de enojarnos, de putear frente al televisor y de estar de mal humor hasta el próximo partido. Pero no caigamos en la trampa de inventar enemigos invisibles. Nuestros jugadores, desde el capitán Messi hasta el último convocado, se dejan la vida en cada pelota. Respetemos ese esfuerzo aceptando que a veces se gana y a veces se aprende. La grandeza de esta Selección está en su resiliencia, no en una supuesta ayuda externa ni en un complot en su contra. La Scaloneta nos enseñó a creer. Ahora nos toca aprender a perder sin perder la cabeza.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMi0wFBVV95cUxPeEFXa1g0ZkF1eklLeVpMOGN2aDBnR0JWOGo3aFpIRmppYWthMjViV0o3SVBEeXdVTDBDWnA1V3Y2aUdOT2xvc20taXMtekR5S3l0YUxIME9jVEpSTUo0MjVLNk1kSVVjRVZweW9weXNCVWVOdHN3eklmS0hOVkVxb19lZXBPTFZoeE9YSWRfdFQ3V1E3eGRUd1kwcWtjZVhrZ254QnJuVVg4eEQyYTgwSmtDdi1VZlZNTnhoSG1BeWlFSzdrRVBseUVwUU1lWU1iOWY4?oc=5