Francia 1998: el sueño mundialista del Mono Navarro Montoya
El fútbol argentino tiene historias que merecen ser contadas una y otra vez. Una de ellas es la del Mono Carlos Navarro Montoya, un arquero que, pese a su enorme calidad y a haber defendido los colores de la Selección Argentina, nunca pudo cumplir el sueño de disputar una Copa del Mundo. Francia 1998 fue su última gran ilusión, y hoy la recordamos con el respeto y la admiración que se merece un gigante del arco.
Para entender la magnitud de esta historia, hay que remontarse a los años 90, una época dorada para el fútbol argentino a nivel de clubes y con una Selección que, tras el subcampeonato en Italia 1990 y la conquista de la Copa América 1991 y 1993, se preparaba para nuevos desafíos. En ese contexto, apareció la figura del Mono, un arquero de una personalidad arrolladora y una técnica depurada que lo llevó a ser figura en Boca Juniors y en el fútbol de Europa, especialmente en el Independiente de Medellín y el Vélez Sarsfield de su regreso. Su estilo, arriesgado y a veces espectacular, lo convirtió en un ídolo de la gente, pero también en un jugador que generaba opiniones divididas.
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La Selección Argentina, dirigida en ese entonces por Daniel Passarella, afrontaba el ciclo rumbo a Francia 1998. El entrenador tenía una idea clara de juego y un grupo de jugadores de primer nivel mundial. En el arco, la competencia era feroz. Nombres como el de Carlos Bossio, Pablo Cavallero y el propio Germán Burgos peleaban por un lugar. Pero la gran figura bajo los tres palos era, sin dudas, el Chilavert paraguayo, aunque para Argentina la lucha era entre arqueros de altísimo nivel. Navarro Montoya, con su experiencia internacional y su carisma, siempre estuvo en la órbita de la Selección. De hecho, ya había debutado en 1988 y había sido parte de equipos que disputaron Eliminatorias y torneos amistosos, pero el Mundial se le negó sistemáticamente.
Francia 1998 representaba, para el Mono, la última oportunidad real de cumplir ese sueño de la infancia. Con 32 años, estaba en un momento futbolístico maduro, con un presente destacado en el fútbol argentino. Sin embargo, la decisión final de Passarella lo dejó afuera de la lista de 22 jugadores. No fue una cuestión de rendimiento, sino de decisiones tácticas y de perfiles de arqueros. Argentina se presentó en Francia con Carlos Roa como titular indiscutido, y con Germán Burgos y Pablo Cavallero como suplentes. Roa, de gran altura y con una notable capacidad para el mano a mano, se ganó la confianza del cuerpo técnico. El Mono, desde afuera, veía cómo se esfumaba su última chance mundialista.
La historia de la Selección Argentina en Francia 1998 es conocida: un equipo que ilusionó, que tuvo a Gabriel Batistuta como goleador, a Ariel Ortega como desequilibrante y a un mediocampo de jerarquía con Juan Sebastián Verón y Diego Simeone. Llegaron hasta los cuartos de final, donde cayeron ante Países Bajos en un partido memorable, con un gol agónico de Dennis Bergkamp. La actuación del equipo fue buena, pero dejó la sensación de que se pudo haber llegado más lejos. En ese contexto, la ausencia de Navarro Montoya no fue un tema central, pero sí una espina clavada para un arquero que siempre dio la cara por la camiseta albiceleste.
El Mono, fiel a su estilo, nunca guardó rencor ni habló mal de la Selección. Al contrario, siempre se mostró agradecido por haber vestido la camiseta en varias ocasiones, aunque no haya sido en una Copa del Mundo. Su legado trasciende las listas mundialistas. Es recordado como un arquero de raza, de esos que transmiten seguridad y personalidad. Su atajada histórica ante Banfield con Boca, sus años en Colombia donde es ídolo, y su vuelta a Vélez para sumar títulos, son parte de un currículum que lo coloca entre los grandes de la historia del fútbol argentino.
Hoy, con la Scaloneta de Lionel Scaloni como bicampeona de América y campeona del mundo, recordar estas historias nos ayuda a valorar aún más el presente. El Dibu Martínez, con su personalidad y grandes atajadas, es el dueño del arco albiceleste, pero cada arquero que soñó con un Mundial como Navarro Montoya, Burgos, Roa o Cavallero, construyó el camino. La ilusión del Mono en Francia 1998 no se cumplió, pero su nombre sigue siendo sinónimo de amor por los colores, de entrega y de un fútbol que late con pasión. En cada atajada del Dibu, hay un poco de la historia de todos los arqueros que, como el Mono, soñaron con defender el arco argentino en la máxima cita mundialista.
Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMivgFBVV95cUxPWWNDWFR1NFFBUUhSUTFSV1l4LWNlRlZfcFF4cFRWb2VROXBlUjQxZGdjX0JZWm01X0RqaXBJZzhBSVFQV2dXU1NmQmo5NVU2ZE9HcmxSdmlrVlhsR2x5T2lwbm9pMDhmZG1zdHZYX1BQZ3FWTWNqSHY5NEM1TlFPNEs2eWxGZm5URUY1LXhpZEEybVE3cmpJTnFSQWJsVFBGZ3ZxcjVuS0tYREtCTDB5ZVd4N2UzOGJfVzJLVURR?oc=5