Maradona y el homenaje que casi lo deja sin amistoso en México 1986
Corría 1986 y el fútbol argentino vibraba con la ilusión de un Mundial que se asomaba en el horizonte mexicano. Pero antes de que la Selección Argentina partiera hacia la gloria, hubo un homenaje a Diego Armando Maradona que casi le juega una mala pasada al Diez: por poco no llega al último amistoso de preparación. Una anécdota que combina el cariño popular, la presión de la competencia y la mística de una generación que terminaría levantando la Copa del Mundo.
En aquellos tiempos, el fútbol argentino respiraba fútbol de una manera distinta. No había redes sociales, ni sponsors multimillonarios, ni burbujas sanitarias. El jugador era del pueblo, y el pueblo lo buscaba. Maradona, ya consagrado como el mejor del mundo tras su paso por el Barcelona y su llegada al Napoli, era el centro de todas las miradas. Y en la previa al Mundial de México, la gente quería despedirlo como se merecía.
Según la crónica de aquel entonces, el homenaje se organizó en el estadio de Argentinos Juniors, el club que lo vio nacer futbolísticamente. La convocatoria fue masiva: miles de hinchas coparon las tribunas para ver a su ídolo una vez más antes de que partiera a la aventura mundialista. Pero el problema fue que el evento se extendió más de la cuenta. Entre abrazos, discursos, canciones y la emoción desbordada de un pueblo que sentía a Maradona como propio, el tiempo se fue escurriendo como agua entre los dedos.
El plantel de la Selección Argentina tenía programado un amistoso clave en el interior del país, como parte de la preparación final. El micro que debía trasladar a Maradona desde el homenaje hasta el lugar del partido estaba listo, pero el Diez no aparecía. Las autoridades de la AFA comenzaron a preocuparse: ¿y si el mejor jugador del mundo no llegaba al último ensayo antes del Mundial? El caos reinaba en los pasillos de la concentración, mientras los dirigentes llamaban desesperados a los organizadores del homenaje.
Finalmente, y contra todos los pronósticos, Maradona apareció a último momento. Subió al micro, saludó a sus compañeros como si nada hubiera pasado y, según cuentan los testigos, se sentó en el asiento de atrás con una sonrisa pícara. El viaje se hizo a toda velocidad, con escolta policial incluida, y el Diez llegó al estadio justo a tiempo para jugar el amistoso. Ese partido, que pudo haberse perdido por el amor de su gente, terminó siendo una de las últimas pruebas antes de que Argentina levantara la Copa del Mundo.
Esta anécdota, que hoy parece una escena de película, refleja el vínculo único que Maradona tenía con el pueblo argentino. No era solo un futbolista: era una representación de la pasión, el barrio, la lucha. En 1986, esa conexión se potenció al máximo, y el homenaje casi le juega una mala pasada al equipo de Carlos Bilardo. Pero, como siempre, el destino tenía otros planes. Argentina ganó ese Mundial con un Maradona imparable, y aquel amistoso al que casi no llega fue parte del camino.
Hoy, con la Scaloneta, la historia se repite en otro contexto. Lionel Messi, el heredero de Maradona, también carga con el cariño de un país que lo sigue a todos lados. Pero las diferencias son notables: ahora hay protocolos, logística profesional y un cuerpo técnico que cuida cada detalle. Sin embargo, la esencia es la misma: el pueblo quiere estar cerca de sus ídolos. Aquella anécdota de 1986 nos recuerda que, a veces, el amor de la gente puede ser tan fuerte que hasta puede desviar el camino de un campeón del mundo. Por suerte, para Argentina, Maradona llegó a tiempo. Y el resto es historia pura.
Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMitgFBVV95cUxNZDV3SDJvNzVuek1OTjlkdm5hekFMZmdQQjNZTEF4NWJrbko4eU5WRllJbDdYSFRveXN2ZTA5TnNNZ3g5YUpkZE1xWDV0b1dURmtBY192eDFuQmRKX0hZa21OSmJKWmg1ZHQySmR6TEhJSkJVZWsxU0ZKVUZ3Z1haYkFBempUXzd2eGkxakFVSWtIS3BEVWY3dW1HZlUwTkhDNFhyMmZhR0JjYVBlR0k4U0x4bWZFdw?oc=5