Argentina casi eliminada: la épica que pocos vieron ante Egipto
La Scaloneta parecía afuera del Mundial pero logró un triunfo agónico por 3 a 2 sobre Egipto. El partido que ya es historia albiceleste.
Parecía que todo estaba perdido. Otra vez. Como tantas veces en la historia, la Selección Argentina miraba al abismo, pero encontró en su ADN de campeón la fuerza para resurgir y escribir una nueva página de gloria. En un partido que ya quedó grabado a fuego en la memoria de los hinchas, la Albiceleste le ganó un encuentro épico a Egipto por 3 a 2 y avanzó a los cuartos de final del Mundial, cuando la eliminación parecía un hecho consumado. Fue un triunfo con todos los condimentos del drama argentino: sufrimiento, corazón y una épica que solo este equipo, bajo el mando de Lionel Scaloni, puede regalar.
El contexto era de máxima exigencia. Los octavos de final de una Copa del Mundo no admiten errores, y el equipo nacional llegaba a este cruce con la obligación de hacer valer su chapa de vigente campeón del mundo y bicampeón de América. Sin embargo, el desarrollo del partido se tornó cuesta arriba. Egipto, un rival de cuidado que había mostrado solidez defensiva y velocidad en la transición a lo largo del torneo, golpeó primero y puso contra las cuerdas a la Scaloneta. Cada minuto que pasaba sin el empate agrandaba el fantasma de una despedida temprana, algo impensado para una generación que se acostumbró a pelear en lo más alto.
Para entender la magnitud de lo ocurrido, hay que remitirse a la fibra íntima de este plantel. Desde la llegada de Scaloni en 2018, la Selección construyó una identidad basada en la resiliencia. No fue un camino sencillo. Aquel equipo que cayó en semifinales de la Copa América 2019 ante Brasil supo reponerse y empezar a forjar una leyenda. La obtención de la Copa América 2021 en el Maracaná rompió una sequía de 28 años y destrabó una mentalidad ganadora que luego se potenció con la Finalissima y, sobre todo, con la consagración máxima en Qatar 2022. Ese recorrido forjó a un grupo que, aún en la adversidad, nunca se da por vencido. El partido ante Egipto fue la máxima expresión de ese espíritu.
Con el marcador adverso, apareció la jerarquía de las grandes figuras. Lionel Messi, el capitán eterno, tomó la batuta como en sus mejores noches. A su alrededor, Julián Álvarez con su desgaste incansable, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister en la gestación de juego, y la solidez de Cristian ‘Cuti’ Romero y Emiliano ‘Dibu’ Martínez en la última línea. El 3 a 2 final no fue solo una remontada en el resultado, fue una demostración de carácter. Fue la confirmación de que esta camiseta, por más que el trámite se complique, tiene un peso específico que trasciende a cualquier rival. La Scaloneta, fiel a su apodo que nació de la admiración popular, volvió a ser un vehículo de ilusión colectiva.
Históricamente, las remontadas argentinas en Mundiales tienen un sabor especial. Viene a la memoria el 2-1 a Inglaterra en México ’86, con aquel gol con la mano y el gol del siglo, pero también el sufrimiento ante Nigeria en las fases de grupos de Corea-Japón 2002, o el agónico triunfo ante México en Qatar 2022 que destrabó un debut complicado. Lo de hoy se inscribe en ese linaje de partidos que definen el temple de un equipo. No se trata solo de ganar, sino de cómo se gana. Y este equipo ya demostró que sabe sufrir, que conoce el camino pedregoso y que, lejos de achicarse, se crece en la tormenta.
El análisis táctico, sin entrar en tecnicismos que no vienen al caso, deja en claro que la Selección tuvo que modificar su plan inicial sobre la marcha. La presión alta de Egipto incomodó la salida desde el fondo, y los espacios que suelen aprovechar los volantes argentinos estaban bien cubiertos. Hubo que apelar a la pelota parada, a la gambeta individual y a ese plus anímico que distingue a los equipos de Scaloni. El banco de suplentes también aportó soluciones, manteniendo la intensidad y frescura necesaria para inclinar la cancha en los minutos finales. La explosión de alegría en el banco argentino cuando llegó el tercer gol reflejó la unión de un grupo que se comporta como una verdadera familia.
Argentina sigue en carrera. Pasó un examen durísimo que lo deja fortalecido para los cuartos de final. La ilusión de volver a tocar el cielo con las manos está más viva que nunca. La Scaloneta, con Messi a la cabeza y un equipo que ya sabe lo que es ganar, demostró que cuando el nocaut parece inevitable, saca su mejor versión. Hoy no fue la excepción. Fue una nueva muestra de orgullo albiceleste, de ese amor propio que distingue a los campeones. Ahora, a soñar con lo que viene, con la certeza de que este equipo nunca, pero nunca, se rinde.
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