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Cuti Romero en la Scaloneta: el secreto del defensor que todos quieren imitar

Por qué Cristian Romero es el defensor más determinante de la Selección Argentina. Su rol en la Scaloneta, su mentalidad y el dato que sorprende a todos.

Redacción · Publicado: · Actualizado:

Hay una frase que recorre los pasillos de la AFA y que Lionel Scaloni repite como un mantra: «Cuti es nuestro mal ejemplo». Pero ojo, no te confundás. En el diccionario de la Scaloneta, esa definición no es un insulto ni una crítica. Es, por el contrario, la máxima expresión de respeto hacia un defensor que revolucionó el puesto y que encarna como nadie la filosofía de un equipo que no se cansa de ganar. Cristian Gabriel Romero, el Cuti, es ese jugador que todo entrenador quiere tener y que todo rival odia enfrentar. Y la noticia que hoy nos ocupa no hace más que confirmar lo que ya sabíamos: su hambre de crecimiento no tiene techo.

Desde su irrupción en la selección mayor, el central surgido de las inferiores de Belgrano de Córdoba se transformó en una pieza inamovible para el cuerpo técnico campeón del mundo. No fue casualidad. En un equipo que prioriza la posesión y la construcción desde el fondo, Romero aporta esa cuota de temperamento, agresividad controlada y timing defensivo que diferencia a los buenos de los excepcionales. La fuente que hoy analizamos lo retrata como un «mal ejemplo», justamente porque su intensidad en cada entrenamiento, en cada partido y en cada disputa es tan alta que obliga a sus compañeros a elevar la vara constantemente.

Para entender su presente, hay que viajar un poco en el tiempo. Cuando Scaloni asumió como director técnico en 2018, tras el ciclo de Jorge Sampaoli, pocos imaginaban que aquel joven defensor que jugaba en el Genoa de Italia se convertiría en el bastión defensivo de un equipo que conquistaría América en 2021, el mundo en 2022 y nuevamente América en 2024. El proceso de la Scaloneta se cimentó sobre la base de la renovación y la confianza ciega en un grupo de futbolistas que, como Romero, combinaban juventud con una mentalidad de acero. El Cuti fue, junto a Nicolás Otamendi primero y luego junto a Nicolás Tagliafico y Nahuel Molina, parte de una defensa que supo blindar el arco del Dibu Martínez en los momentos más calientes.

Lo que distingue a Romero de otros defensores de élite es su capacidad para jugar al límite sin pasarse. Su fama de rústico es solo una parte de la historia. La otra, la que realmente importa, es la de un futbolista con una lectura táctica privilegiada, un primer pase quirúrgico y una valentía para salir jugando que pocos centrales en el mundo poseen. En las Eliminatorias CONMEBOL rumbo al Mundial 2026, su presencia es sinónimo de seguridad. Cada vez que la Albiceleste salta al campo, el número 13 es garantía de firmeza. Y cuando no está, se lo extraña. Su influencia va más allá de los cruces y los despejes; es un líder silencioso que habla con el lenguaje universal de la entrega total.

El apodo de «mal ejemplo» que circula en el entorno de la selección tiene que ver, justamente, con esa intensidad que a veces lo lleva a cometer infracciones que quedan en la retina de todos. Pero en el análisis fino, Scaloni y su cuerpo técnico valoran esa agresividad como un activo irrenunciable. En un fútbol cada vez más físico y veloz, tener a un defensor que no negocia una pelota dividida, que va al choque con la misma convicción en el minuto uno que en el noventa, es un lujo. Y más aún cuando ese jugador, lejos de conformarse, sigue buscando herramientas para pulir su juego. La fuente destaca ese espíritu de crecimiento constante, esa obsesión por corregir errores que lo convierte en un caso de estudio dentro de una plantilla repleta de estrellas.

No es menor el contexto en el que se desenvuelve. Comparte vestuario con Lionel Messi, el mejor jugador de la historia, y con figuras consagradas como Ángel Di María (hasta su reciente retiro de la selección), Emiliano Martínez, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister. En ese ecosistema de talento, Romero no solo se adaptó, sino que se volvió indispensable. Su entendimiento con el Dibu Martínez es casi telepático, y su sociedad con los mediocampistas centrales permite que Argentina sea un equipo corto, compacto y difícil de penetrar. La Copa América 2024, conquistada en Estados Unidos, fue otra muestra de su jerarquía: otra vez el Cuti levantando un trofeo, otra vez siendo el escudo de una generación dorada que ya es leyenda.

Lo que viene también ilusiona. Con las Eliminatorias en pleno desarrollo y el Mundial 2026 en el horizonte, la Scaloneta se prepara para defender su corona. Y en ese camino, Cristian Romero será, una vez más, el «mal ejemplo» que todos quieren seguir. Porque en el fútbol moderno, donde a veces se premia la estética por sobre la efectividad, el Cuti nos recuerda que la pasión, el compromiso y las ganas de mejorar son virtudes tan valiosas como un caño o un golazo. Ojalá nunca se cure de esa locura que lo hace único. La Selección Argentina lo necesita así: intenso, rebelde, innegociable. Un defensor de esos que ya no abundan, pero que cuando aparecen, te hacen campeón del mundo.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMinwFBVV95cUxPX1hNUmZUcy13bnZ3QWJXYzBhZnoxV25STXotN21TNUZjRDlzUEE3dGlLcGt1V01rb2wxelJ4elkwUTBIZjZJcmE4eXlEOXFIeVRuNGlLZllkSF9TdjBKRGtSeWstQVBETXNTWmZWSTRIR3NXWGV5UGFfaG51VndjZFk2eFJTS2lkZmtjX1I1ak9GSGtJOWdXU1YtZWpLY3fSAaQBQVVfeXFMUHQweUE0SjZmMkRtRWdFY3pKcENHOWJwNmFBZkVkR2czVWtCWTk5MDZZbWVZc05NX0pNZWljWm9URERhMXlBT3NGVVptVnduSmpncDB2ZlVTUU9BZGtabktXYmNrMUw5REVENkVodkdoTktaRmw5YWRWWExEbU1WYUJLSUtyOGE4S2wzaENsNGR0ZUJBbkJnQ2tXR2IyTmRGVEtyTW4?oc=5