¿Y si la Scaloneta llega mejor de lo que todos pensamos al Mundial 2026? Cuando uno mira la tabla de las Eliminatorias CONMEBOL, ve a Argentina puntera, invicta y con un funcionamiento que asusta. Pero más allá de los números, hay algo en el aire que nos hace sospechar que este equipo, el de Lionel Messi y compañía, todavía tiene un margen de mejora enorme. Y que el techo, si es que existe, está mucho más alto de lo que imaginamos.
El roce mundialista no es un invento. Se nota en la cancha. En la tranquilidad con la que los jugadores resuelven partidos complicados, en la confianza que transmite el cuerpo técnico de Lionel Scaloni y en esa sensación de que, pase lo que pase, siempre hay un plan B. Después de ganar el Mundial 2022 y la Copa América 2024, Argentina dejó de ser una promesa para convertirse en una máquina de competir. Y eso, en un deporte donde la presión es constante, es un lujo que pocas selecciones tienen.
Mirá los últimos partidos de Eliminatorias. Argentina no solo ganó: dominó. Incluso cuando el rival se cerró atrás, como pasó ante Paraguay o Bolivia, la Albiceleste encontró caminos para lastimar. La tenencia deja de ser un fin en sí mismo y se transforma en una herramienta para desgastar al contrario. El mediocampo, con Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, se ha vuelto un quirófano: recuperan, distribuyen y llegan al área rival con una naturalidad que asusta. Y arriba, Messi sigue siendo el que define los tiempos, pero Julián Álvarez ya no es una promesa sino una realidad goleadora.
Hay un dato que pocos mencionan: desde que Scaloni asumió en 2018, Argentina jugó más de 60 partidos oficiales y perdió apenas una docena. El promedio de eficiencia es escalofriante. Y en ese recorrido, el equipo aprendió a sufrir, a ganar de diferentes maneras y, sobre todo, a no depender exclusivamente de la magia del 10. Eso, en un Mundial, es clave. Porque en una Copa del Mundo no siempre se juega bien, pero hay que saber ganar mal. Y esta Selección, la Scaloneta, ya demostró que sabe hacerlo.
¿Qué falta entonces? Quizás el desafío más grande sea mantener la intensidad durante los 90 minutos cuando llegue la hora de la verdad. En los amistosos y en las Eliminatorias, Argentina a veces baja un cambio en el segundo tiempo. Contra rivales de menor jerarquía, el equipo se relaja y eso, en un cruce de eliminación directa, se paga caro. Scaloni lo sabe y por eso rota, prueba variantes y busca que todos estén enchufados. La competencia interna es feroz: jugadores como Lautaro Martínez, Ángel Di María (cuando está) o el propio Paulo Dybala tienen que pelear cada convocatoria.
Otro punto a favor: la defensa. Con Cristian ‘Cuti’ Romero como jefe de la zaga y Emiliano ‘Dibu’ Martínez bajo los tres palos, Argentina tiene una base defensiva que transmite seguridad. El Dibu, además, es un especialista en los momentos decisivos. Lo vimos en la final del Mundial y en las definiciones por penales de la Copa América. Tener un arquero así, en un torneo corto como el Mundial, es un plus que no todas las selecciones tienen. Y la dupla Romero-Otamendi (o Romero-Lisandro Martínez) ya tiene un rodaje que da garantías.
En el balance final, las sensaciones son más que positivas. Argentina llega con un equipo consolidado, con un líder indiscutido como Messi y con un entrenador que ha demostrado ser un estratega de primer nivel. El camino al Mundial 2026 todavía tiene algunas curvas, pero la Scaloneta ya demostró que sabe manejarlas. ¿Y si este equipo está destinado a dar otra vuelta olímpica? Por ahora, los indicios dicen que sí. Y nosotros, los hinchas, nos agarramos de esa ilusión con la pasión de siempre.
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