Scaloni: 100 partidos y el logro más grande que los títulos

📅 01/07/2026👤 a0110132

Pensalo un segundo. ¿Cuántos tipos en el fútbol argentino pueden decir que hicieron algo más difícil que ganar un Mundial? Suena a frase hecha, a verso marketinero. Pero con Lionel Scaloni, la afirmación se vuelve una verdad irrefutable, una que va camino a convertirse en dogma.

El oriundo de Pujato alcanzó una cifra que lo pone en la mesa de los grandes de la historia grande: 100 partidos dirigiendo a la Selección Argentina. Un número que, en sí mismo, es una barbaridad. Pero el verdadero hito, el legado que se va construyendo con la calma del campo y la astucia de un pibe que aprendió el juego en los potreros, no se mide en estadísticas. Se mide en un sentimiento que parecía extinguido: la confianza.

Porque sí, ganar la Copa América 2021 en el Maracaná, romper la sequía de 28 años, fue un alivio cósmico. Ganar la Finalissima contra Italia en Wembley fue una caricia al ego. Y ganar la Copa del Mundo en Qatar 2022, con esa final de todos los tiempos contra Francia, fue tocar el cielo con las manos. Pero hay un logro previo, silencioso y titánico, sin el cual nada de eso hubiera sido posible: Lionel Scaloni consiguió que todo un país, acostumbrado al drama, la interna y la desconfianza, volviera a creer. Y no solo en un puñado de jugadores, sino en un proyecto, en un tipo que llegó como un interino sin pergaminos y se va a retirar como el prócer más inesperado de la historia de la Albiceleste.

Vos te acordás, seguro. Después del papelón de Rusia 2018, la Selección era tierra arrasada. Un descampado lleno de escombros, con las leyendas de la generación dorada alejándose entre lágrimas y un vacío de poder que daba miedo. En ese contexto apareció Scaloni, un ayudante de campo que tomó el fierro caliente casi por obligación. No tenía experiencia como entrenador principal, no tenía un discurso armado, no tenía, para el establishment del fútbol argentino, nada. Lo miraban de reojo, con la típica soberbia de quienes creen que saben de esto. «Es un interino», decían. «No le da el cuero», sentenciaban. Y sin embargo, mientras todos esperaban el batacazo, él empezó a construir, ladrillo por ladrillo, con una convicción que desarmaba cualquier prejuicio.

El verdadero milagro de la Scaloneta no es táctico, aunque la evolución del equipo es innegable. No es físico, aunque los jugadores dejan la vida en cada pelota como si fuera la última. El verdadero milagro es la gestión de un grupo humano que dejó de ser un plantel para convertirse en una familia. Scaloni logró que Lionel Messi, el mejor jugador de todos los tiempos, se sienta cómodo, contenido y feliz dentro de una cancha con la celeste y blanca, algo que ni los técnicos más laureados del mundo habían podido hacer de manera consistente. Logró que Emiliano «Dibu» Martínez, un arquero que andaba a préstamo por equipos de media tabla en Inglaterra, se transformara en un gigante infranqueable. Logró que pibes como Enzo Fernández, Julián Álvarez o Alexis Mac Allister llegaran a la Mayor y jugaran como si tuvieran cien partidos encima. Eso no se consigue con una pizarra. Se consigue con management, con psicología, con esa simpleza de pueblo que lo caracteriza y que le permite decir las verdades más profundas sin una gota de soberbia.

En estos 100 partidos, que abarcan un camino que va desde aquel debut contra Guatemala en 2018 hasta las actuales Eliminatorias para el Mundial 2026, Scaloni edificó un imperio sobre la base de la normalidad. No hay vedetismo en el cuerpo técnico, no hay filtraciones maliciosas a la prensa, no hay rosca de vestuario. Hay un grupo de laburantes que se rompen el alma por el compañero de al lado, liderados por un capitán que encontró su lugar en el mundo y un DT que, lejos de creerse el dueño de la verdad, siempre está dispuesto a escuchar. Los títulos son la frutilla del postre, la consecuencia inevitable de un proceso que se hizo bien desde el minuto cero. La Copa América 2024, ganada en Estados Unidos para ratificar el bicampeonato, fue la última muestra de que este ciclo no conoce de saciedad, de que el hambre sigue intacto.

Hoy, con la Scaloneta firme en la cima de las Eliminatorias y con el horizonte puesto en el Mundial de 2026 que se jugará en Norteamérica, la figura del entrenador se agiganta. Ya no es el «interino» ni el «asistente de Sampaoli». Es Lionel Scaloni, el técnico campeón del mundo, el bicampeón de América, el tipo que le devolvió la sonrisa a un país entero. Llegar a los 100 partidos es un hito estadístico, claro. Pero lo que verdaderamente celebra el pueblo argentino cada vez que la pelota empieza a rodar es esa sensación de paz, de saber que pase lo que pase, hay un timonel que sabe para dónde ir. Y eso, en un país acostumbrado al vértigo y la incertidumbre, no tiene precio. Es, sin dudas, más difícil que ganar.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMi7AFBVV95cUxPLVI3aDFYcEtacW1ETExTeGJEV0VmUnVpZ1Nmb21NVWg3dFNGZEktMEV6VzFPQTZPOHdRVF96Z0ZlM21hWDJYYlNGTnJaRUZ4Q2t2Y0tpWHowUWNqYVY1b29aVTg2a2NfY2ZDcjBBaExPNFFGLU9XaWplRFRtT2pMN2dMMmFCc29ldkRrZHd4SDJ5SmQ5SFBEc08zUkYzYU1WOEhPQUQzQi1DOHBoa0VxcFBtSkkyUTBrcnZjZkNmMzFRLW5EWmpxZnRBS1NUdGdDSFNaSzZ3WGUycmNPZHd5aUJHNlhSc00wSk95WQ?oc=5